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Ha pasado un año desde que comenzó la pandemia de la Covid19 y tengo que decir que como los datos que tenemos hoy en día, yo tampoco estoy muy bien, estoy deseando dormir al menos 2 noches a la semana como los osos en invierno, pero cuando vives en estado de ansiedad se hace imposible.
Esta pandemia ha vuelto a poner sobre la mesa los problemas que muchos hemos denunciado desde hace tiempo: la precariedad, el paro, los despidos, eres, etc. La principal consecuencia de esta situación ha sido el empeoramiento de la salud mental de la población. Por la incertidumbre que vivimos muchos ciudadanos vivimos en una situación de ansiedad o depresión, y la realidad actual demuestra que la salud pública no está totalmente preparada para el tsunami de la salud mental que viene y nos ha llegado.
Según la Organización Mundial de la Salud, en el estado español hay 6 psicólogos por 100.000 habitantes y en Osakidetza tenemos 5.7, en cifras tenemos 131 psicólogos en los servicios públicos de salud. Según el Colegio de Psicólogos del País Vasco, en 2020 había un único psicólogo para atender a aproximadamente 17.380 personas. Entonces, pensemos en el tiempo que tendrá que esperar para un psicólogo dentro de las listas de espera quien no tiene dinero para pagar uno privado, tendrá que esperar 2 o 3 meses para cuidar de su salud mental. A nivel europeo hay 18 psicólogos por cada 100.000 habitantes, por lo que para reducir el plazo de espera se necesitarán 270 nuevos psicólogos en Osakidetza.
El dato aportado demuestra que el bienestar de la ciudadanía es para los que tienen dinero o son ricos, y hay que decir que tener una mente sana es un derecho de todos y no de unos pocos. Según el barómetro del CIS, antes del inicio de la pandemia en el Estado español, acudían al psicólogo o psiquiatra privado (50-70€ por consulta): un 21.8% de clase alta-media, un 19.6% de clase media-baja y un 16.2% de clase trabajadora. Por otro lado, desde el inicio de la Pandemia, un 8.3% de clase alta y un 5.9% de clase baja han acudido al psicólogo o psiquiatra. Cabe destacar que en las clases bajas la situación mental es peor, es decir, el 19% ha vivido en una situación de depresión, mientras que en las clases altas el 6.2%. En cuanto al estado de ansiedad, un 18.5% en clases bajas y un 6.2% en clases altas.
Quiero recordar que hace un mes, cuando Iñigo Errejón (Mas País) habló de esta problemática, la respuesta recibida en el Parlamento del Estado Español por boca de un parlamentario del PP fue: “vete al médico”. Es evidente que este parlamentario no tendrá ninguna enfermedad mental porque cobra por decir lerdadas y se puede pagar sus consultas privadas. Por otro lado, esta respuesta nos estigmatiza a las personas que sufrimos una enfermedad o trastorno mental. La estigmatización de las enfermedades mentales es muy peligrosa, porque muchos piensan que por tomar antidepresivos están locos, y eso no es cierto, yo me las tuve que tomar y me hizo para bien, los antidepresivos nos ayudan a curar los trastornos de nuestras emociones.
Yo también voy al médico, pero sí o sí pagando. No sé hasta cuándo voy a tener ese privilegio, digamos que hoy en día los servicios que tenemos para nuestra salud en general, para muchos, se han convertido en privilegios, vivimos dando vueltas constantes en las listas de espera. Y hay una solución lógica y de derecho: aumentar los recursos de apoyo psicológico, extender esa atención a los centros de salud de nuestros pueblos y crear más plazas de formación especializada. Mientras tanto, mi psicóloga está avisada de que algún día no voy a ir porque no podré pagar y mi estado de ansiedad se perderá en la noria de la lista de espera.
