coche futurista
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Se trata de un artículo remitido por el cronista del presente futuro a los lectores del presente pasado. De esta forma las lectoras pueden tener una  idea, una más entre otras, de lo que en el futuro de los años 30 puedan ser su  hábitat municipal.

Transcurridos tres largos años se había culminado el proceso de movilidad dentro del área municipal, por medio de vehículos autómatas, que se conocen con el término popular de Robili.

El proyecto de movilidad alternativa se inició hacia primeros años de la década de los 20. Impulsado sobre todo por las generaciones más jóvenes fue ganando apoyos para finalizar en el referéndum popular que decidió por 67% la puesta en marcha del proceso de nueva movilidad interior en Amorebieta y Etxano.

Las polémicas fueron agrias. Se enfrentaban intereses contrarios al proyecto por una buena parte de la vecindad. Hasta entonces la movilidad personal descansaba en el transporte público discrecional, y sobre todo en el vehículo particular, en su gran mayoría con motores de combustión fósil. Para estos particulares el cambio suponía una pérdida de su propiedad, por una parte el no uso de sus vehículos, gran parte de los cuales tenían su justificación en la movilidad entra municipal, y por otra parte estaba el tema de las propiedades inmuebles, garajes destinados a los mismos.

A cuyos argumentos añadían el de la libertad de movimiento personal versus comunitarismo. Y los impulsores del proyecto tuvieron  ante sus ojos la fuerza del sentido común ideológico a la hora de impulsar proyectos de mejora y cambio.

Gracias a una gestión política inteligente para ayudar a subsanar estos problemas, el nuevo proyecto se impuso. No obstante el descontento de los contrarios tardaba en aquietarse. Por ello se optó por una política flexible en su aplicación pero a su vez firme en el objetivo final.

La victoria del sí al proyecto fue saludado como una gran aportación de la población de Zornotza a la lucha contra el cambio climático.

.- Nota 1: en posteriores artículos se proporciona una memoria de este interesante proceso de democracia directa.

A partir del año 2035 los vehículos particulares deben estacionarse en el Parque Móvil, estación situada en boro y  que dispone de todo tipo de servicios mecánicos, limpieza, guarda asegurada etc. De manera que la persona que quiera viajar fuera del municipio es transportado a esta estación por medio de los Robili  y a partir de ahí puede usar su propio vehículo particular, pero con la fecha de 2040 para que sustituyan los motores de combustión por otros eléctricos  por imposición legal europea.

También tiene la opción de alquilar vehículos propiedad del municipio para esta finalidad, y por supuesto disponen los medios discrecionales de tren y buses.

Ion Geroz había pasado buena parte de la mañana realizando entrevistas y creía tener la información suficiente para redactar lo visto en el escenario del Parque móvil. El sabotaje había sido, sin duda, una operación intencionada y grave y que atentaba contra el proyecto de movilidad.- Va siendo hora de volver al pueblo, piensa para sus adentros.

Marca los dígitos para solicitar vehículo. Por la madrugada le había acercado un robili, Rosa de nombre y de color rosa, que estaba impoluta. Seguro que acababa de salir del centro de mantenimiento por la que pasaban todos los robili una vez al día como mínimo para atender a su limpieza y análisis. Incluso si algún viajero observaba suciedad o desperfecto tenía la obligación de emitir la queja para ser limpiado y arreglado inmediatamente.

En pocos minutos recibe la notificación de que se le envía un robili verde número 12 y la hora de su llegada.

Puntual como esperaba, vio acercarse su robili. Este detecto su presencia por identificación biofacial.se detuvo a escasos pasos, abrió una puerta al tiempo que:

– geroz jauna zure bila nator! Sartu mesedez!

Se introduce en su asiento, comprueba que los otros tres están vacantes.

Se cierra la puerta. Una voz clara le pide destino de su viaje.

– Gudari kalea 24!

– Ondo dago.

Y termina explicando que ira derecho a esa localización dado que no tiene otra demanda en curso de aceptación. Le da la hora de llegada sin obstáculos en la vía, terminando con un cinturón por favor que salimos.

Mientras pensaba en la presteza de este medio había observado que iría solo, y, que además no tenía orden de recoger a nadie más en el trayecto, se decide a pedirle por un alto frente al restaurante Izalde. La respuesta es casi instantánea.

– Al no tener otra demanda de recogida, usted puede disfrutar de esta parada. Recuerde que dispone de 5 minutos y que si se atrasa tiene una penalización por minuto de retraso hasta colmar los 15 minutos. A partir de entonces si usted me halla aquí tendrá que renovar el viaje tras abonar el anterior. Si no estoy estacionado tendrá que acudir a las oficinas del servicio a fin de que le devuelvan su tarjeta, tras abonar lo adeudado.

– de acuerdo. Espero volver a tiempo. Gracias por su información.

– de nada y buen provecho.

Se apea rápidamente y según entra en el restaurante no deja de asombrase por el comentario del autómata. Y piensa “Es que son capaces de intuir lo que voy a hacer”…como son estos programadores con su inteligencia artificial…

– Hola Ana ¿y Richard…?

– no, no está. Hoy le toca por la tarde. ¿En que puedo servirle?

– Por favor un pincho de esos tan ricos…el que lleva pimiento verde y jamón. Y un vino de año.

Toma el pincho y se lo zampa en tres bocados.

– ¡Pero hombre! No comas tan rápido, que te vas a…

– Lo siento Ana, pero es que he parado un robili y sin no cumplo con el plazo, ¿tú sabes lo que me va a salir este pincho?

– Si, si es así, es mejor que cumplas. Estos autómatas son un primor pero a la vez son impecables con sus normas.

– Y tú que lo digas aniuska. Pero ha de ser así. De otro modo imagínate que cada cual disponga de ellos a su antojo. Sería un desastre.

– ¡Pues nada a volar de nuevo!

Pagó y sin mirar atrás vuelve al coche. Mira al reloj que tiene a su frente:

– ¿He llegado a tiempo, no?

– Efectivamente, bienvenido a bordo. ¿Seguimos ruta fijada?

– Si por supuesto. Gracias

El vehículo acelera gradualmente y se introduce en el flujo vial. No se ha apercibido, inmerso en sus elucubraciones, pero de pronto nota que se detienen. Alza la mirada, al tiempo que exclama:

– ¿qué pasa?

– Obstáculo en la calzada. Situación controlada. No se preocupe.

En efecto un pequeño rebaño de ovejas está atravesando el vial. No se ve al pastor…en realidad ellos saben que ahora no corren peligro de ser atropellados como ocurría antes. Un fuerte bocinazo del autómata les impele a cruzar más rápido.

El problema ha sido solventado sin gritos, broncas acelerones y demás aspavientos, con los acostumbrados insultos a la pastora que no controla su ganado.

Antes los conductores humanos se sentían afrontados, se creían los dueños del espacio, sobre todo si pilotaban flamantes y caros vehículos. Eran aspaviento que de poco servían, pues los animales no lo entienden. Servía no obstante para dejar constancia de la prepotencia y del estrés de los conductores.

Se maravillaba de la forma tan exquisita y respetuosa en que los autómatas resolvían los encuentros de obstáculos o simplemente dejar paso a otros robili. Los encuentros eran negociados de antemano, gracias a la política de resolución just in time de los programadores del Centro de inteligencia artificial  del Consejo Popular y de su Junta permanente.

De hecho era prácticamente imposible un accidente entre los robili entre sí. Los incidentes eran siempre  con otros elementos móviles. En los tres años anteriores eran golpes que recibían por parte de conductores de los vehículos particulares. Eso ya no tenía lugar.

Ahora eran otros los que chocaban, los patinetes, las bicicletas…pero que eran de menor impacto, dado que los robili detectaban sus movimientos y frenaba su avance. Su capacidad de visión artificial era tremenda. Y observaba el espacio en los 360 grados. Los obstáculos que les sobrevenían por los costados eran también avisados de su peligrosa cercanía.

Libertad, pues toda la gente tiene acceso a su uso, seguridad y fiabilidad además de disponibilidad estaban siendo la clave para desactivar a la gente contraria al nuevo sistema.

Ya dentro del casco urbano, mirando por la ventana a la gente que pasa .De pronto se fija…efectivamente es Maite la enfermera. Quiere pulsar botón de bajar ventana, y se apercibe que el autómata se detiene. ¿Habrá leído su intención?

No, pero para él es una suerte que se detenga

– Obstáculo en la calzada .Obra pública .Reanudamos en pocos minutos.

– Excelente, piensa para sí. La suerte va con él esta mañana.

– Maite ¡clama en voz alta!

– La aludida se detiene, gira su cabeza hacia la voz, gira sobre sus zapatos ayudando su gesto con un gracioso impulso de los brazos.

– ¿Dulce que haces por acá?

– vengo de Boroa…

– Ya, ya he oído algo… ¿algo gravé no?

– si muy grave. Si quieres quedamos por la tarde y te lo cuento…

– Si, encantada, hace mucho tiempo que no estamos.

– Te apetece en el Piper Min?

– Si, en el Pipe Mí. Vale .a las 8?

– vale

– Y tú, ¿dónde vas con esa parsimonia?

– voy a una tienda de antigüedades, de ahí arriba. De paso mover las andas, y siempre encuentro alguien con el que parlotea. Y ya sabes que eso me gusta mucho.

– sí, claro que…

– ¡continuamos el viaje!

– Hasta luego Dulce.

– Hasta luego Amor.

El autómata arranca suavemente al tiempo que eleva el cristal, seguramente para mantener la temperatura interior y evitar la intromisión de polvo.

Ve alejarse la imagen esbelta de Amor, pues ese es su nombre. Lo de Maite fue una ocurrencia nuestra para incluirla en el ambiente euskalduna. Admiraba a esa enfermera ya madura, que pese a sus pasados 60 todavía mantenía una lozanía increíble. Una cara siempre sonriente, simpática y unos ojos negros de profunda empatía.

Una vida dedicada a cuidar a sus semejantes. Varios años de enfermera en Londres, luego en Berlín, para acabar ocupando una vacante en el hospital de Galdakao.

Con lo ocurrido con el covid19 las condiciones de trabajo y salario habían sido muy mejorados en los servicios de cuidados y sanitarios en general.

En las dos últimas décadas la población de Zornotza había recibido el aflujo de gentes de diversos orígenes, rumanos, árabes, africanos y de América del sur…Ella era una de esas nuevas vecinas. Muchas de ellas venidas para quedarse, trayendo a veces al resto de sus familias de origen.

Llegamos a destino. El robili aparca frente al portal pedido. Se abre su puerta y una voz le despide:

– Espero que su viaje haya sido de su agrado. En caso contrario haga el favor de pulsar el botón correspondiente para evaluar su satisfacción. En caso de queja pulse el botón rojo y una persona del servicio de atención se pondrá en contacto con usted. Egunon on eta ondo izan!

– Eskerrik asko. Ez dago inolako kexa.

Observo desde la acera cual sería el siguiente movimiento del autómata. Este cierra la puerta y arranca.

– ¿esta vez irá a hacer mantenimiento?

Le ve alejarse a una posición dentro de la misma calle. Efectivamente va a recargar.

Se gira bruscamente para dirigirse al edificio del Consejo Popular. Tan bruscamente que está a punto de derribar a Fernando, un octogenario que le detiene desplegando su brazo.

– Iepa artista….tú ya no hablas por teléfono, que vas hablando a las piedras de la calle.

Mientras esboza una sonrisa pícara.

– Parkatu, parkatu Fernando….

– Dena ondo?

– Bai, bai, orain “hitzegiteari itxi, ekineri heldu”

Y arranca observado por el viejo que menea la cabeza. Con un halo de simpatía.

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